Las siete raíces de la genealogía del delincuente


La genealogía del delincuente es diversa y compleja de analizar, no es un fenómeno que se presente de manera aislada, sino que en éste convergen una serie de factores que pueden llevar a desencadenar conductas antisociales, como son las siguientes: la genética, el trastorno mental, el libre albedrío, la familia, la escuela, la sociedad y los acontecimientos fortuitos. Pueden presentarse aisladamente o en comunión entre sí, sin embargo, se debe analizar rigurosamente cada una de estas raíces, que por sí solas no son generadoras de conductas delictivas.

Genética
Estudios realizados en gemelos sobre actos de delincuencia han mostrado influencia genética, mientras que en niños adoptados que padecían de trastornos de conducta agresiva se encontró que las madres biológicas contaban con niveles elevados de psicopatología. Respecto a los estudios en gemelos, se sabe que el comportamiento agresivo antisocial es más transferible genéticamente que el comportamiento social no agresivo. Los riesgos procedentes del medio ambiente son probablemente mayores con respecto a la delincuencia juvenil que se instaura en los años de la adolescencia y que no persisten en la edad adulta. (Robert Plomin, 2009). Con relación al comportamiento antisocial de aparición temprana que se acompaña de hiperactividad, que además refleja una tendencia importante de persistir en la edad adulta como un trastorno de personalidad antisocial, se sabe que los efectos en este sentido son mayores.

Trastorno mental
En la genealogía del delincuente, uno de los factores determinantes es el mal funcionamiento y la estructura defectuosa de una parte del cerebro, que está situada justo encima de los ojos y se esconde detrás de la frente llamada córtex prefrontal. Es una parte del cerebro que interviene en el comportamiento y actúa en la toma de decisiones complejas, además de que es la zona del cerebro que inhibe la agresión (Adrian Raine, 2003). Si ésta área del cerebro no funciona con normalidad o si existen impedimentos estructurales que afecten a esa parte del cerebro, puede predisponer a algunas personas hacía la violencia y la conducta delictiva. 

Libre albedrío
Esa fuerza motriz interior, cada una de cuyas manifestaciones individuales es provocada por un motivo, percibido interiormente por la conciencia, es lo que designamos con el nombre de voluntad. (Arturo Schopenhauer, 2007). Ante la diversidad de circunstancias que se presentan en la vida, el sujeto tiene la libertad de decidir en ejercicio de su propia voluntad, en hacer o dejar de hacer determinada acción que pudiera ser constitutiva de delito. El individuo que desarrolla habitualmente la libertad de decidir, tiene clara conciencia de sí con relación al mundo en el que se sitúa, lo que le permite conocerse a sí mismo y saber de sus limitaciones conforme a sus convicciones axiomáticas (Agustín Salgado García, 2010). 

Familia
Este factor, como raíz de la genealogía del delincuente, debe ser entendido como el cúmulo de contingencias que ocurren al interior de la familia y que se magnifican con la disfunción de ésta, originando un número importante de individuos con predisposición importante hacia la delincuencia, tales fenómenos que se traducen en patrones conductuales, trasciende de padres (o de quien los supla) a hijos; sea por imitación o por la falta de preceptos conductuales que funcionen como un sistema de refreno. Todas esas contingencias son antecedentes ascendientes, que directamente bajan desde los padres hasta las mentes en desarrollo de sus niños y adolescentes. Es importante señalar que. algunas veces, los padres provocan este fenómeno de manera inconsciente, empero muchas otras ocasiones se debe al maltrato infantil, al que son sometidos los individuos por quienes deberían protegerles.

Escuela
Este es uno de los tópicos de mayor estadía del individuo durante su desarrollo, (al menos así debería ser). Los centros educativos no han sido la excepción en la debacle social en la que se encuentra inmerso el sujeto, ante la falta de valores y la errónea interpretación práctica de éstos. La experiencia nos ha permitido conocer casos de primera mano, en los que el motor principal de la violencia son los educadores, argumentando que los niños no entienden y que es la única forma de educarlos, tal pareciera que fueron adoctrinados con la ‘pedagogía de la conquista’, en la que los frailes venidos del viejo continente, educaban a los nativos bajo el lema “las letras con sangre entran”. 

Sociedad
Cuando la violencia que se vive en la sociedad es observada en los medios de comunicación, ésta no produce por sí misma más violencia, sólo causa un efecto detonante en personas que ya son violentas; empero, la inmersión en ambientes saturados de violencia crea habitualidad conductual de sincronización. Es decir, el sujeto  no mide el alcance de las consecuencias de sus acciones, actúa por imitación, tomando un modelo de vida violento. La sociedad en su generalidad se ha comportado de manera egoísta e irresponsable, sus miembros se creen ajenos a las circunstancias que ocurren a otras personas, hasta que se ven involucradas como agentes pasivos del delito es cuando reaccionan y comprenden que deben actuar de manera complementaria con las autoridades. Aún así, la sociedad está carente de valores como lo solidaridad y el respeto, lo cual es consecuencia inmediata del fracaso de los aparatos ideológicos representados por la familia y la escuela. Los sujetos conviven en la sociedad sin elementos que permeabilicen su conducta, atrayéndoles rigurosamente hacia la delincuencia, agravándose esto por la falta de oportunidades laborables y escolares,  además de la extrema pobreza.

Acontecimiento fortuito
A pesar de que el sujeto tiene la posibilidad de ejercer su libre albedrío, decidiendo acerca de sus acciones u omisiones, existen eventos en los que el agente activo del delito no tiene el control de los sucesos, ni en su origen, ni en su desarrollo. Sin embargo, el causante del delito es el elemento esencial de dichos eventos, situándose en un espacio tópico-temporal en el que la volición y la nolición tienen un efecto de neutralidad, sin poder ejercer el libre albedrío. El ser humano no es capaz de resistirse a la fuerza universal de la causalidad, así tenemos que la conducta del ‘ser-antisocial’ obedece a una gama de factores de los que no es posible escapar. (Agustín Salgado García, 2010). Esta raíz genealógica del delincuente es de ingente valor, por la posibilidad de que este sujeto, en otras circunstancias, jamás cometería la conducta delictiva de manera dolosa, es decir con la intención de causar el daño.

Epílogo
Las siete raíces de la genealogía del delincuente otorgan la posibilidad de conocer las bases criminógenas que dan origen a una conducta delictiva concreta, a fin de prevenir este tipo de conducta nociva (en un caso particular pero además de manera general), lo cual permitirá diseñar estrategias preventivas mediante la ortoconducta. Es decir, aportará los elementos para prevenir la reincidencia delictiva (una vez que el sujeto haya delinquido), buscando la reorientación conductual a efecto de lograr una efectiva resocialización, así como el diseño de estrategias enfocadas hacia la niñez y la adolescencia para alcanzar la prevención primaria. La genealogía del delincuente es una herramienta de gran valía para la aplicación individualizada de la pena y las correspondientes medidas de seguridad.

http://www.madridiario.es/2012/Enero/suceso/investigacion/211966/genealogia-delincuente-raices-agustin-salgado-garcia-perfil-criminal-.html

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